70º aniversario de la

Batalla de Krasni Bor

1943 - 2013

 

La gloria maldita de nuestros héroes


 

Segunda Guerra Mundial.

División Azul.

Batalla de Krasny-Bor

(La gloria maldita de nuestros héroes).

 

Hace pocos días se celebró el 70º aniversario de la que fue la más cruenta batalla de la II Guerra Mundial y de todo el siglo XX, la Batalla de Stalingrado, que se dio por finalizada el 2 de febrero de 1943, con la derrota total del Ejército alemán de Von Paulus y más de tres millones de muertos, entre civiles y soldados de ambos bandos. Todos los medios de comunicación social se han hecho eco de las celebraciones realizadas en Rusia conmemorativas de esta cruenta efeméride. Lo que muy pocas personas saben es que, pocos días más tarde de finalizada esta batalla, el 10 de febrero de 1943, los soviéticos intentaron repetir la operación en el norte del país, en Leningrado, la actual San Petesburgo. Usando la misma táctica, los soviéticos, intentaron envolver y aniquilar al 18º Ejército alemán de Lindemann, pero ahí fracasaron y, en gran medida, la culpa de ello la tuvo la tenaz, obstinada y heroica resistencia que ofreció un pequeño cuerpo expedicionario de voluntarios españoles, la 250 Infanterie División, de la Wehrmacht, más popularmente conocida como División Azul”. Este es un pequeño y modesto trabajo recopilatorio de aquella sangrienta batalla, la Batalla de Krasny Bor”, que, sin entrar en matices ideológicos, trata de ser un humilde homenaje recordatorio de la gesta de aquellos valientes soldados españoles, pues es seguro que no saldrá en ningún medio de comunicación.

 

 

Introducción.

 

Para el verano de 1942, a causa de las considerables pérdidas sufrida por los alemanes desde el inicio de la Operación Barbarroja, la Wehrmacht se planteó objetivos más limitados: una ofensiva en el sector sur, para controlar el Cáucaso y su petróleo, asegurando su flanco izquierdo con la conquista de Stalingrado y otra en el norte, contra Leningrado (Operación Luz del Norte), pues el sitio de esta ciudad se estaba prolongando excesivamente y mantenía ocupadas muchas fuerzas que debían quedar libres cuanto antes.

 

 


 

La División Azul fue seleccionada para tomar parte en el asalto a esta gran ciudad. En esta decisión de Hitler pesaron dos poderosas razones. La política: hasta ahora la división española sólo se había desgastado en batallas muy cruentas pero en lugares que ningún español sabría situar en el mapa (el Volkhov, Muraveskaia, Possad, Vsvad, Teremez…), la participación de la División Azul en la toma de Leningrado, cuna del bolchevismo, daría gran prestigio a Muñoz Grandes y a su unidad, y podría influir decisivamente para que España, finalmente, entrase en la guerra. Y la puramente militar: la División Azul era una fuerza expedicionaria que no se había visto obligada a recortar su plantilla, como habían tenido que hacer sus homologas alemanas del Frente del Este, que habían reducido sus divisiones de nueve a seis batallones. En realidad, además de la fiabilidad demostrada, en efectivos, la División Azul era la unidad más poderosa del Grupo de Ejército Norte.

 

El asalto a Leningrado debía realizarse en septiembre, por lo que los españoles comenzaron a abandonar sus puestos en el río Volkhov y ponerse en movimiento hacia sus nuevas posiciones en julio. Este cambio fue bien recibido por los guripas, pues dejaban atrás los insufribles mosquitos y ¡por fin! iban a participar en algo grande. Tras un periodo de descanso y adiestramiento intensivo, la división española comenzó a entrar en sus nuevas líneas el 5 de septiembre.

 

Para dirigir el asalto, Hitler designó al Mariscal Von Manstein, que venía precedido de gran fama tras la toma de Sebastopol, en Crimea. Inicialmente, la División Azul quedó encuadrada en el L Cuerpo de Ejército del general Phillip Kleffel y, para el ataque, calculado para mediados de septiembre, lo estaría en el LIV Cuerpo de Ejército del general Erik Hansen, perteneciente ambos al 18º Ejército del general Georg Heinrich Lindemann.

 

Div. 189

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Puschkin

 

 

 

 

 

 

Sluzk

 

Todo estaba preparado para el asalto, no obstante y por sorpresa, el jueves 27 de agosto, los soviéticos, dirigidos por el Mariscal Kirill Meretskov, desencadenaron una ofensiva contra el borde oriental del saliente de Schlüsselburg, por donde los alemanes llegaban hasta el lago Ladoga. Este y otros ataques posteriores contra la desembocadura del Tosna y la ciudad de Mga, obligaron a los alemanes a contraatacar para restablecer la situación, lo que les impuso tener que retrasar la Operación Luz del Norte.

 

 


 

Inicialmente, el sector asignado a la División Azul discurría desde Aleksandrovka, al Oeste, hasta el río Ishora, en el Este. No obstante, el 5 de septiembre, Hansen, ordenó que la división española extendiera sus líneas hacia el Este y relevara al Reg. de la División Polizei SS, que se retiraría del frente de Kolpino para fortalecer el dispositivo en el río Tosna. Ahora, el frente español cruzaba el río Izhora, la carretera Leningrado- Moscú y finalizaba al otro lado del Ferrocarril de Octubre (ver mapa del despliegue de la División Azul). Esta ampliación del frente casi duplicaba el despliegue inicial de los españoles que ahora llegaba a los 34 km.

 

Creyendo Muños Grandes que el cambio sería temporal y que a la zona al este del Izhora volvería el XXX Cuerpo de Ejército, decidió mantener su despliegue inicial, con su centro de gravedad entre Alexandrova y el Izhora. Villalva y el 263º quedaban a la izquierda, Rubio y el 269º en el centro, y Sagrado con el 262º a la derecha y, para guarnecer el nuevo sector, designó una fuerza reunida para la ocasión: el Grupo Robles (Reserva Móvil 250, IIIº/262 y Compañía de Esquiadores), a las ordenes del Tcol. jefe del 262º, Robles.

 

Frente a la División española habían unidades de dos ejércitos soviéticos: el 42º, que cubría el frente desde el golfo de Finlandia hasta Pushkin, con un regimiento de su 189ª Div. frente al regimiento español 263; y el 55º, del general Vladimir P. Sviridov, que cubría el terreno bajo desde Pushkin hasta la desembocadura del Tosna, con su 56ª Div. y parte de la 72ª Div. al oeste del Izhora, frente a los regimientos españoles 269 y parte del 262; y el resto de la 72ª Div. y parte de la 43ª Div. frente al Grupo de Robles.

 

Aunque las divisiones rusas tenían menos efectivos que la española y su moral parecía ser baja (menudeaban las deserciones, la 72ª Div. era una unidad penitenciaria, etc.), algunas de sus unidades si eran de élite, como la 63ª Div. de la Guardia, y casi todas estaban muy bien pertrechadas, recibían continuos refuerzos desde Leningrado, tenían amplias reservas y el apoyo de blindados T-26, T-34 y KV-1. No obstante, para los españoles, la principal diferencia entre este frente y el del Volkhov radicaba en la mayor potencia de fuego de la artillería soviética, que tenía a las posiciones españolas al alcance de dos de sus tres concentraciones, la de Pulkovo (13 baterías) y la de Kolpino (40 baterías).

 

Para la segunda mitad de septiembre, la reacción de Von Manstein detuvo la ofensiva soviética contra el borde oriental del saliente de Schlüsselburg y Mga y restableció el frente capturando a unos 12.000 prisioneros rusos en la que, posteriormente, los alemanes llamaron Primera batalla del lago Ladoga”. No obstante, aunque la operación de Meretskov de liberar Leningrado había fracasado, si consiguió desbaratar los planes alemanes de la Operación Luz del Norte. Finalmente, ante los problemas logísticos surgidos y la proximidad del invierno, el 19 de octubre, Hitler, anulaba la ofensiva contra la sitiada ciudad.

 

Por otra parte, el 19 de noviembre los soviéticos lanzaron una gran ofensiva en el Volga y el Don que acabaría con la gigantesca catástrofe del Ejército de Von Paulus y sus 250.000 hombres en Stalingrado. Manstein corrió a Rostov para intentan el rescate pero Hitler se negó al repliegue. Fue, el principio del fin.

 


La intuición de Muñoz-Grandes estaba resultando ser acertada. En Leningrado, los españoles no ganarían prestigio. La gloria podía faltar pero abundaba la muerte. Los tres cementerios divisionarios de Pavlosk, Fedorovskii y Mestelevo comenzaban a llenarse de sepulturas españolas. Por otra parte, el 13 de diciembre de 1943, se producía el relevo del mando de la División Azul, pasando a manos del general Emilio Esteban- Infantes y Martín.

 

 

Operación Estrella Polar”.


 

 

 

 

 

 

 

General, Agustín Muñoz Grandes condecorado con las Hojas de Robles de la Cruz de Caballero


 

 

 

 

 

 

 

General Emilio Esteban-Infante y Martín


 

Embriagados por el triunfo que habían obtenido en Stalingrado y el relativo éxito de la Operación Iskra”, del mes de enero, para romper el cerco de Leningrado, el general Gueorgui Zhúkov, coordinador del Stavka (Mando Central Soviético) y vencedor de las batallas de Moscú y Stalingrado, creyó que había llegado el momento de obtener una gran victoria sobre el Grupo de Ejércitos Norte alemán. Para acabar con él concibieron la Operación Estrella Polar”. Esta operación se compondría de varios ataques coordinados que, emulando la


ofensiva sobre Stalingrado, embolsaría y eliminaría a todo el Grupo de Ejércitos Norte. La primera fase de esta operación se planificó para el 8 de febrero –aunque, posteriormente, se retrasó al miércoles 10–, contra el frente norte alemán en Krasny Bor, en ese momento cubierto por la División Azul.

 

Los alemanes intuyeron la maniobra soviética y pensaron que Krasny Bor sería, sin duda, uno de los puntos focales de su ofensiva. Las razones resultaban obvias: en esta pequeña aldea confluían la carretera Moscú-Leningrado y el Ferrocarril de Octubre. Los alemanes pensaban que este posible ataque estaría combinado con otro simultáneo desde el Volkhov, por cualquier punto del frente, por lo que las escasas reservas no se podían


 

 

Mariscal Georgi Konstantinovich Zhúkov


asignar, sin más, a reforzar a los españoles. Por su parte, la división española, debido a la progresiva ampliación del frente que se había visto obligada a asumir y el holocausto sufrido por el regimiento II/269º en enero, en el apoyo a los alemanes en Sinyavino, también la había dejado prácticamente sin reservas y esto preocupaba mucho al mando alemán que decidió hacer volver a la División Polizei SS a cubrir el sector de Krasny Bor aunque, tras los combates de Sinyavino, esta división también se encontraba tan debilitada, que tuvo que ser la propia División Azul la que, además de cubrir ese sector, lo reforzara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Las sospechas alemanas eran ciertas. Los soviéticos habían preparado una gran ofensiva con la que pretendían romper definitivamente el cerco sobre Leningrado. La operación consistía en embolsar a todo el 18º Ejército alemán. Con esta finalidad se lanzarían dos ataques convergentes: desde Pogoste, el 44º Ejército debería avanzar contra las divisiones alemanas 133 y 61 y, a su vez, el 55º Ejército atacaría desde Kolpino. El objetivo del 55º Ejército sería romper las líneas en el sector cubierto por la División Azul y la División Polizei SS. A continuación, progresarían hacia el sudeste para enlazar con el 44º Ejército y cerrar la bolsa. El objetivo principal era el envolvimiento de Mga y Sinyavino, destruir al Grupo de Hilpert, situado en los altos de Sinyavino y eliminar la amenaza de su artillería, que tenía bajo su fuego el improvisado ferrocarril que unía la sitiada ciudad con el resto de Rusia. Si esto no se lograba, el 55º Ejército tenía como objetivo secundario interceptar el ferrocarril y la carretera Sablino–Mga, única ruta de abastecimiento para el Grupo de Hilpert, con lo que el 18º Ejército se vería obligado a abandonar el empalme ferroviario de Mga y las alturas de Sinyavino, quedando igualmente roto el sitio de Leningrado de forma definitiva.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vladimir Petrovich Sviridov, General del Cincuenta y Cinco Ejército Soviético

durante 1941-1943.


 

Concretamente, contra el sector de Krasny Bor de la División Azul se lanzarían las divisiones 43ª, 45ª, 63ª y 72ª. Estas divisiones contaban con el apoyo de dos batallones acorazados, dos brigadas de esquiadores, dos regimientos contracarro, más de ciento cincuenta baterías y varias unidades lanzacohetes. En total, alrededor de

33.000 efectivos preparados para lanzarse al ataque en cualquier momento. Si los soviéticos conseguían sus objetivos, el cerco de Leningrado quedaría roto y el Grupo de Ejércitos Norte alemán en un grave apuro.

 

 

Sobre el terreno, a lo largo del mes de enero de 1943, la IIª Sección del Estado Mayor español, encargada de obtener información, fue acumulando indicios preocupantes sobre la actividad enemiga en el sector del Regimiento 262. Vuelos de reconocimiento, concentración de tropas y vehículos, aumento de patrullas y golpes de mano, eran señales de que algo importante se estaba cociendo.

 

En el lado español, una rápida inspección del general Phillip Kleffel (L Cuerpo de Ejército), al sector del Regimiento 262 de Sagrado y del Batallón 250 de Reserva Móvil, le puso de manifiesto la precariedad de sus defensas. Se necesitaban minas y alambradas para fortificar las posiciones. Tampoco había granadas antitanques y las únicas piezas antitanque existentes eran los ineficaces Pak de 37mm., inútiles para atravesar la coraza de los tanques rusos. Además, lo extenso del frente hacia que las posiciones estuvieran precariamente ocupadas debido a la escasez de hombres. Sin embargo, Estaban-Infantes, no se sentía tan preocupado como Kefflel, lo que preocupaba más aún al alemán.

 


El 8 de febrero, el General Estaban Infantes se dirigió al sector del 262 para estudiar, con el coronel Sagrado, las medidas tomadas para hacer frente al inminente ataque soviético. El subsector occidental estaba defendido por dos batallones, el IIIº/263 y el 250 de Reserva Móvil y, como reserva, contaba con el Iº/250 de Reconocimiento. La protección artillera estaba a cargo de dos piezas de 150mm. pertenecientes a la 13ª compañía y dos baterías de 105mm. emplazadas detrás del Ishora. Como cobertura adicional disponían de una batería de 150mm. en Fedorovskoii.

 

El sector entre el río Ishora y la línea del ferrocarril estaba recorrido por un sistema de


 

 

Frente de Leningrado. Un oficial español otea el horizonte al lado de una pieza antitanque Pak de 37mm.


 

trincheras, respaldadas por un formidable fortín llamado El Bastión”. La línea estaba defendida por los Batallones y IIº/262, y tenían como reserva dos escuadras del 250 de Reconocimiento y dos compañías de zapadores. En El Bastión”, se había situado parte de la Compañía de Antitanques y, entre ella y el Iº/262, estaba la Compañía de Zapadores del capitán Aramburu. El apoyo artillero estaba compuesto por el Primer Grupo de 105mm., la Compañía de Antitanques y el Grupo de Morteros Pesados del comandante Reinlein.

 

El 9 de febrero, los vuelos de reconocimiento soviéticos fueron incesantes. A lo largo del día se comprobó cómo, los rusos, retiraban las minas y alambradas propias situadas frente a sus posiciones para facilitar el avance de sus tropas. Algunos desertores rusos dieron cuenta de la inminencia del ataque. La artillería enemiga abrió fuego para comprobar alcances, siendo contestada por el tiro de contrabatería español.

 

 

Vista actual del Ferrocarril de Octubre a la altura de Krasny Bor.

 

A las cinco de la tarde ya estaba obscuro y un extraño silencio, solo perturbado por algún cañonazo aislado, dominaba el frente. En previsión de lo que pudiera ocurrir se ordenó a la tropa que se fuera a dormir. Algunos oficiales permanecieron en vela ultimando preparativos y atentos a cualquier signo revelador. A lo lejos empezó a oírse el siniestro rugido de los motores de los tanques que no se apagaría en toda la noche para evitar que el frío, que rondaba lo -30ºC., pudiera impedir una nueva puesta en marcha

 

El mando soviético había desplegado un impresionante dispositivo para hundir el frente español. La 72ª División de Infantería y el 289 Regimiento Antitanque debían atacar el sector defendido por el IIIº/263 y el 250 Batallón de Reserva Móvil; el IIº/262 debía enfrentarse a la 63ª División de Guardias y al Batallón Acorazado Independiente, más atrás tenían la 45ª División de Guardias y la Brigada Acorazada. Además, las reservas rusas estaban compuestas por tres brigadas de esquiadores, una de ellas motorizada.

 

 

El Infierno del 10 de febrero.

 

A las siete menos cuarto de la mañana del 10 de febrero de 1943, aún era de noche. Faltaba poco para que rompiera el alba. Ya, los primeros tímidos rayos de sol comenzaban a iluminar la nevada llanura. El frente estaba tranquilo y nada hacía presagiar el infierno que iba a desencadenarse poco después.

 

De repente, el suelo tembló bajo los soldados españoles y un enorme rugido llenó el aire. Más de ochocientas bocas de fuego de la artillería soviética empezaron a machacar las posiciones del Regimiento 262 con una ferocidad hasta entonces nunca vista.

 

Trincheras, fortines, parapetos, alambradas y máquinas, volaban por los aires mezclados con restos humanos y toneladas de barro y nieve. Los escombros aún no habían llegado al suelo cuando una nueva andanada los volvía a lanzar por los aires. El cielo enrojeció de fuego y la granizada de obuses era tan seguida que no se distinguía la partida de una nueva salva. Sólo se oía un trueno continuo y mortal que destrozaba por igual a hombres y armas. Muy


 

pronto, las comunicaciones quedaron cortadas dejando aisladas a las compañías españolas que, a partir de entonces, tendrían que luchar por su vida individualmente.

 

 

 

 

 

 

Plan de la maniobra de ruptura que el 55º Ejército Soviético tenía concebido para hundir y desbaratar el frente español el 10 de febrero de 1943.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las baterías españolas de Reinlein intentaron responder al huracán de fuego y hierro, pero fue inútil. Rápidamente cayó sobre ellas el peso de la artillería soviética, muy superior en número y alcance. Algunos supervivientes de la primera línea, sin armas y medio enloquecidos, corrieron en desorden hacia la retaguardia en busca de protección. El resultado fue el que cabía esperar, las bajas españolas de las compañías de primera línea ya ascendían, según los casos, a entre el 50% y el 80% de los efectivos. El capitán Huidobro, de la compañía del Iº/262, intentaba poner un poco de orden enviando los heridos al hospital y a los ilesos a formar una línea de defensa.

 

Poco a poco, el fuego soviético se fue alargando hacia el interior de las líneas españolas y tras dos horas de intenso bombardeo apareció la aviación, su objetivo principal era barrer los puntos que, debido a la proximidad de las líneas rusas a las españolas, no habían podido ser

suficientemente machacados por su artillería y, después, llegó el momento de la verdad, ¡el asalto! Centenares de soldados rusos abandonaron las trincheras en oleadas, siguiendo a los pesados tanques KV–1 y T–34.

 

El capitán Teodoro Palacios Cueto, compañía del IIº/262, establece sus escasas ametralladoras en los embudos causados por la artillería enemiga, mientras Huidobro, lanza sus escaso hombres al ataque. Entre ambos, momentáneamente, obligan a retroceder a los efectivos de la 63ª División soviética, sorprendidos de que aún quedase alguien con vida y dispuesto a resistir tras la intensa preparación artillera.

 

La y Compañías del Iº/262, de los capitanes Losada y Muñoz, se las arreglan para frenar el avance de la 43ª División y de la Brigada Acorazada soviéticas. Pero todo es inútil, los rusos vuelven a la carga y ambas compañías, con el comandante Castro a la cabeza, se ven obligadas a replegarse hacia Popovka.

 

Del Iº/262, y casi sin municiones, solo resiste la Compañía de Huidobro, mientras que la de Palacios, reducida a una treintena de hombres, apenas puede hacer frente a lo que se le viene encima. Por otra parte, la del IIº/262 del capitán Iglesias, ha sido totalmente destruida por el fuego de la artillería y la aviación.


La del IIº/262 se ha estado batiendo valientemente desde primera hora. Al igual que sus compañeros, el capitán Campos y sus hombres habían rechazado los primeros envites pero, ahora, tienen que hacer frente al ataque de los tanques. Destruyen tres, pero una gran masa de hombres y tanques se cuela por el vacío abierto en el lugar que ocupaba la compañía y también se ven obligados a replegarse. Esto deja en una posición crítica a la Compañía del 250 Batallón del capitán Gerardo Oroquieta que, aunque no ha sido muy castigada por la artillería, debe aguantar el ataque de dos batallones soviéticos que la sobrepasan, cayendo seguidamente sobre la del 250 del capitán Ulzurrún, destrozándola.

 

Ante la tenaz resistencia de los puntos fuertes españoles, la táctica soviética consistía en retirarse momentáneamente, reagruparse y comenzar el ciclo de nuevo: artillería, organillos, morteros, aviación y, vuelta al asalto con más oleadas de infantería y tanques, y así, una y otra vez.

 

Hacia mediodía, el frente defendido por el 262 de Sagrado había sido perforado por tres sitios y sólo resistían cuatro bolsas que, de no recibir ayuda sucumbirían en pocas horas, son: la compañía de Oroquieta, en la carretera Moscú–Leningrado; el capitán Campos con los supervivientes de las Compañías


 

 

Dos fases de la progresión del ataque soviético y la resistencia española.


6ª, y 8ª, junto a la de antitanques, en El Bastión”; el capitán Aramburu Topete y sus zapadores detrás de este fortín; y los restos de las Compañías de Palacios y Huidobro, en el terraplén del ferrocarril. También, para esa hora, los alemanes ya sabían que el ataque simultáneo del Frente del Volkhov, a cargo del 44º Ejército, había fracasado. Fue entonces cuando ordenaron a sus reservas comenzar a moverse hacia Krasny Bor.

 

 

La segunda línea resiste.

 

La infantería y tanques soviéticos que habían roto el frente se dirigían ahora hacia la segunda línea española. El coronel Sagrado con sus reservas, (Plana Mayor y cuatro compañías de zapadores y ciclistas), no estaba seguro de poder aguantar si no recibía pronto refuerzos del Grupo de Ejército. Un contraataque de la Escuadra del Grupo de Exploración del capitán Andújar alivió momentáneamente la presión; mientras, las piezas de la Batería del capitán Andrés y los antitanques del capitán Cantalapiedra tiraban a bocajarro, con tiro raso, sobre los blindados soviéticos.

 

Los rusos ya habían alcanzado Krasny Bor y se imponía una defensa decidida del pueblo. El comandante Reinlein, con los restos de diversas unidades y la sección de asalto del comandante La Cruz, defenderían el sector occidental y el comandante Bellod, con los restos de la y Compañías de Zapadores, lo haría en el sector oriental. Las calles del


 

 

Capitán de Infantería Manuel Ruiz de Huidobro Auzunema, muerto en circunstancias heroicas durante la Batalla de Krasny Bor.


 

casco urbano fueron escenario de feroces combates en los que los zapadores españoles, armados con granadas, minas antitanque y cócteles explosivos, se enfrentaron a los tanques soviéticos en lucha desigual para intentar contenerlos.

 

 

Últimos combates de la Batalla de Krasny Bor,

 

Mientras tanto, los grupos aislados de primera línea continuaban ofreciendo una tenaz y obstinada resistencia. Los zapadores de Aramburu habían conseguido rechazar un ataque de infantería y tanques soviéticos. Los hombres de Oroquieta habían quedado cercados al alcanzar el enemigo el río Ishora por Staraia Mysa. Impotentes para detener a los blindados, los habían dejado pasar, pero seguía haciendo frente a la infantería rusa. Palacios y sus hombres, rodeados de muertos y heridos, aún resistían en su islote. En la Compañía del Iº/262, el capitán Huidobro ya había muerto, pero al mando del teniente Altura seguían rechazando los obstinados ataques de efectivos de las Divisiones soviéticas 43ª y 63ª. Por doquier, los soldados españoles seguían dando muestras de un valor, sacrificio y desprecio a la muerte inconcebible para los soviéticos.

 

Pero la situación seguía siendo muy apurada, se estaba al borde del colapso total. El coronel Rubio, a instancias de Esteban Infantes, pide voluntarios entre los hombres de un Batallón de Marcha que se hallaba acuartelado en Vyarlevo (Villarelevo para los guripas), en espera de transporte para regresar a España. Muchos responden a la llamada y apresuradamente se rearman y se dirigen a taponar las brechas.

 

A primera hora de la tarde, parece que el empuje inicial del ataque soviético ha perdido ímpetu. La combinación de efectos de la artillería alemana de largo alcance, el profundo barrizal creado por su propia artillería, las numerosísimas bajas de la infantería soviética causada por la tenaz resistencia española y el efecto

aletargador causado por la fuerte ingesta                                     Carro de combate medio T-34 (30-Ton.), modelo 1941.


 

de vodka en los supervivientes rusos, que se dedicaron más al saqueo que a proseguir la penetración, hace que se ralentice su avance. Los españoles tienen la impresión de que si los refuerzos del 390 Regimiento alemán del coronel Heckel llegan pronto, se evitará una penetración mayor y sobre todo, se impedirá a los rusos cruzar el Ishora, girar hacia el oeste y aplastar a los otros dos regimientos españoles.

 

En el Ishora, la 72ª División soviética se infiltraba hacia Staraia Mysa, mientras que en Sansonowka, la situación era muy apurada. Las unidades de los Regimientos 263 y 269 se fundían como la nieve ante las continuas acometidas soviéticas. La caída de Staraia Mysa amenazaba a toda la División con peligro de

envolvimiento, por lo que fue necesario apuntalar la defensa de Sansonowka con refuerzos traídos directamente del puesto de mando de la división en Raykolovo.

 

Lo más desesperante para el general Estaban-Infantes era carecer de información fidedigna de lo que estaba pasando. Desde el principio, el masivo ataque artillero le había dejado prácticamente aislado en su puesto de mando avanzado en Raykolovo. Su prioridad ahora consistía en consolidar la defensa del Ishora para evitar el envolvimiento del resto de la División e insistir en el urgente apoyo de Heckel, que no mostraba mucha decisión en su avance.

 

 

Se desbarata la amenaza sobre la División Azul.

 

Al anochecer, cosa que en esas latitudes y fechas comenzaba a las tres de la tarde, Esteban-Infantes, con lo que consigue reunir, las compañías y incompletas, y una muy mermada sección de la del IIº/269, ordena al capitán Blanco Rodríguez un contraataque desde el Ishora hacia Sansonowka. Su misión consistía en consolidar la defensa del Ishora y acudir en ayuda de los pequeños núcleos que aún resistían entre el río y la carretera Moscú-Leningrado. Realizado ya en la más completa obscuridad, con nieve profunda e intensísimo frío, este contraataque no consiguió encontrar ningún grupo de resistencia español, la ayuda llegaba demasiado tarde. Finalmente, el contraataque fue detenido por la fuerte oposición enemiga de infantes y tanques sufriendo importantes bajas.

 

Hacia las tres de la tarde, el Capitán Palacios y los últimos supervivientes de la Compañía caían prisioneros. Lo mismo les ocurría poco después a los hombres de la Compañía del 250 de Reconocimiento, de Oroquieta y a los de la Compañía del 262 de Altura. Sólo resistían los zapadores de Aramburu apoyados por los hombres de Campos y Arozamena.

 

En Krasny Bor, Reinlein y Bellod seguían resistiendo, pese a tener que destruir la 11ª Batería. Las y Baterías del Capitán Andrés hacían fuego sin cesar mientras los zapadores atacaban con granadas y botellas de gasolina a los tanques rusos que se infiltraban por las calles de la destruida población. Reinlein, iba de un lado a otro en un intento desesperado por conseguir ayuda, pero los refuerzos alemanes progresaban muy lentamente, no parecían darse cuenta de que los españoles aún resistían.

 

Dentro del pueblo, para detener a los tanques soviéticos que avanzaban seguidos de su infantería, los actos de heroísmo se sucedían sin cesar. Hombres, como el Sargento Palomo y el Soldado Ponte Anido, entablaban individuales y mortales combates contra los blindados en un desesperado intento de contener la avalancha soviética. La llegada del comandante La Cruz, con sus hombres de la Compañía Antitanques, permitió aliviar momentáneamente la presión enemiga.


A las seis y media de la tarde, Bellod, enterado de que por fin habían llegado los regimientos alemanes 390 y 374, decide retirarse hacia Sablino con los restos del 250 de Reconocimiento y del Iº/262. Al anochecer, los supervivientes de la Compañía de Zapadores, y Compañías del 262 y la del 250, al mando del capitán Aramburu, rompen el cerco y consiguen enlazar con los alemanes del 390.

 

Por su parte, el comandante Reinlein, ordena volar sus últimas piezas y se retira con medio centenar de artilleros que le quedan. En su camino hacia la retaguardia, los alemanes, solicitan su colaboración para defender una batería alemana situada en el pueblo, a lo que Reinlein accede, mientras, los antitanquistas de La Cruz prosiguen su camino. Así, en las primeras horas de la madrugada del 11 de febrero, Reinlein y sus hombres vuelven a entrar en Krasny Bor, pues los cañones de la batería alemana estaban situados junto a la iglesia del lugar. Este reducido grupo, junto a sus camaradas alemanes, resistirá los incesantes ataques soviéticos hasta el día 13 que, al aparecer cinco tanques rusos y careciendo de armas adecuadas para detenerlos se repliegan hacia la carretera de Sablino. Este fue el último núcleo español que abandonó Krasny Bor. El Asalto soviético sobre Krasny Bor, que estuvo a punto de arrollar a toda la División Azul y haber puesto en grave aprieto a todo el 18º Ejército alemán, había sido detenido.


 

 

Con gafa y en primer plano el comandante Reinlein con el abanderado de su Grupo de Artillería, en los actos de homenaje posteriores a la batalla.


 

Pero, la batalla de Krasny Bor aún no había acabado. El 19 de marzo, los soviéticos volvieron a lanzarse al asalto desde Krasny Bor hacia Sablino. Las fuerzas españolas, que se mantenían desplegadas a lo largo del Ishora, apenas se vieron involucradas pero, el IIIº/262 español, que se mantenía en las mismas posiciones del 10 de febrero, bloqueando la carretera Leningrado-Moscú, tuvo que aguantar un ataque a gran escala, aún mayor que el del día 10, pero no cedió ni un palmo. El 21 fueron los alemanes los que se lanzaron al contraataque, con elementos de dos divisiones y la Legión Flamenca (batallón), apoyados por carros Tiger, pero el frente tampoco se movió. Finalmente, el 24 de marzo, los alemanes cancelaron su contraofensiva y se puede considerar esa fecha como la de finalización de la Batalla de Krasny Bor.

 

 


 

La ira de los generales rusos.

 

Al finalizar el día 10 de febrero, los generales soviéticos estaban que echaban chispas. Nada había salido de acuerdo con el plan previsto. La 72ª División de Fusileros no había conseguido despejar la carretera Leningrado–Moscú. Pese a haber machacado al Batallón de Reserva 250, no había logrado mover al IIIº/262 de sus posiciones en las proximidades de Putrolovo ya que, tras la ruptura del frente, no había sido capaz de cruzar el Ishora, ni por la fábrica de papel ni por Staraia Mysa. La 43ª División de Fusileros había abierto el flanco de la División Polizei SS al pulverizar al Iº/262 pero, con tanta lentitud que permitió a los germanos articular nuevas líneas defensivas. La 63ª División de la Guardia se había desangrado en la ruptura del frente del IIº/262 y, además, seguía envuelta en un sin fin de escaramuzas contra la tenaz resistencia de algunos focos españoles, que parecían temer más la vergüenza de la derrota que la idea de la muerte. En cuanto a la 45ª División de la Guardia, su único Regimiento en acción, el 129, junto con la 250ª Brigada de Esquiadores, aún combatían para mantenerse en Popovka. La Brigada Acorazada, la 123ª Motorizada y la 35ª de Esquiadores, también a las órdenes de Krasnov, habían progresado hacia el Este pero, de forma tan lenta y caótica que su jefe había perdido totalmente el control sobre ellas. Las demás divisiones tenían, al menos, la excusa de que la cruenta ruptura del frente las había desgastado, pero esto no le valió a Krasnov, así que, el furibundo General Govorov, ordenó su fulminante destitución y su relevo por el General Liubovsiev.

 

Tanto Govorov, Jefe del Frente, como Sviridov, comandante del 55º Ejército, recriminarían a sus subordinados el pésimo nivel de coordinación que habían mostrado las unidades y el que no hubieran sabido aprovechar el derroche de potencia de fuego que se había empleado. Los generales y coroneles, a su vez, lanzaron diatribas contra sus comandantes y capitanes, acusándoles de que tantos años de vida de trincheras les habían convertido en incapaces de dirigir y coordinar un asalto a gran escala, y de que habían perdido totalmente el control sobre sus soldados, lanzados al saqueo. Pero también todos se defendían ante sus superiores alegando que la resistencia había sido mucho mayor de lo que esperaban (lo que equivalía decir que habían recibido una información deficiente del escalón superior) y que la artillería pesada alemana los había machacado con su fuego (otra forma de acusar a sus superiores, insinuando que no habían tomado medidas contra esa amenaza) y, como punto final, enfatizaban de que el terreno estaba impracticable por los efectos del bombardeo.

 

Las broncas lanzadas por Govorov y Sviridov contra sus oficiales tenían, a su vez, como razón de ser, el saber que también ellos iban a recibir fuertes críticas de Moscú. En efecto, el Stavka estaba más que disgustado con Govorov (Frente de Leningrado) y Meretskov (Frente del Volkhov) desde antes del día 10, debido a que se les había ordenado que estos ataques se produjesen antes, el día 8, y ahora la ofensiva se empantanaba desde el primer día, lo que suponía un tremendo contratiempo porque se agotaban los plazos fijados por Moscú.

 


Según la planificación del Stavka”, para el 18 de febrero, el Grupo de Ejércitos “Norte” alemán ya debía encontrarse en medio de una profunda crisis para, ese mismo día, lanzar al ataque, en


 

 

Mariscal Kiril Afanásievich Meretskov


 

 

 

Mariscal Leonid Aleksándrovich.

Govorov.


dirección noroeste, a la “Masa de Maniobra” situada al sur del lago Ilmen y bajo las órdenes del General Joxin. Pero el desencadenamiento de tan poderosa operación exigía que Meretskov y Govorov lograran alcanzar sus objetivos, lo que, en la noche del 10 al 11 de febrero, estaba muy poco claro. Por lo tanto, era ese temor a las críticas que recibirían desde Moscú lo que alimentaba la furia de Sviridov y Govorov contra sus subordinados.

 

 

Balance de la batalla.

 

Como se ha podido comprobar, la Batalla de Krasny Bor fue, sin duda alguna, la más dura y sangrienta en la que participó la División Azul. La cifra de más de 2.200 bajas, sufridas en tan sólo 18 horas de combates, así lo atestigua. Otras batallas anteriores en las que participó la División Azul, como la del Lago Ladoga, la del Lago Ilmen o Posselok, tuvieron un porcentaje mayor de bajas, pero sólo afectaron a alguna unidad determinada de la división, no de una forma tan generalizada como aquí ocurrió. En esta batalla, una vez más, la infantería


 

española demostró una capacidad de sacrificio y desprecio a la muerte sólo equiparable al mostrado anteriormente en los combates de Possad, Posselok, el Ilmen o del Volkhov. Fue esa capacidad de resistencia y sacrificio la que frenó la desproporcionada ofensiva soviética que intentaba repetir el éxito de Stalingrado, cediendo apenas entre dos-tres kilómetros y dando tiempo a que llegaran los refuerzos alemanes que acabaron por estabilizar el frente.

 

Según los cálculos del Estado Mayor alemán, el intento soviético de aniquilar a la división española les supuso unas pérdidas de unos 11.000 efectivos. Las bajas españolas también fueron muy elevadas: 107 oficiales, 244 suboficiales y 1.901 soldados, entre muertos, heridos, desaparecidos y alrededor de 300 prisioneros, hechos, en su mayoría, al quedarse sin munición y verse sobrepasados por las oleadas de atacantes.

 

Muchos españoles echaron la culpa a los alemanes de lo sucedido y pensaron que se les había sacrificado al no habérsele enviado refuerzos con la urgencia requerida. No obstante, este sentimiento era infundado pues, si la División Azul se hubiese hundido aquel día, los más perjudicados hubiesen sido los alemanes de las unidades vecinas y todo el 18 Ejército. En un primer momento, los alemanes se asustaron y temieron que los españoles no aguantasen y se repitiese la catástrofe de los rumanos, italianos y húngaros en Stalingrado. Pero, los españoles si aguantaron. La diferencia entre los españoles y los rumanos, italianos y húngaros radicaba, principalmente, en que la División Azul era una fuerza de voluntarios altamente motivada e ideológicamente homogénea, mientras que las unidades de los aliados de los alemanes en Stalingrado estaban compuestas por soldados de reemplazo que no entendían por qué se encontraban luchando tan lejos de su patria.

 

Quienes también se equivocaron a la hora de valorar a los españoles fueron los soviéticos. Ellos estaban convencidos de que la División Azul estaba compuesta por unos cuantos señoritos “fascistas” (falangistas) y oficiales “mercenarios” (no profesionales del ejército español), que encuadraban a una tropa forzada y sacada de las cárceles de Franco. Por tanto, la resistencia que esperaban sería similar a la que habían encontrado en Stalingrado, mínima. Su error lo pagaron caro, de los aproximadamente 33.000 soldados soviéticos que intervinieron en el asalto del 55º Ejercito, un tercio eran baja al acabar la jornada del 10 de febrero.

 

Hay que señalar que, debido a que la Operación Estrella Polar se saldo con un rotundo fracaso fue borrada de los anales y resulta inútil tratar de encontrar referencias sobre ella en los libros de la historia militar soviética, aunque, de haber tenido éxito, hubiera podido acelerar muy significativamente el curso de la guerra.

 

Por otra parte, Krasny Bor, también supuso el punto álgido de la aventura española en Rusia. En abril, el frente de la división se redujo a su configuración inicial: desde Alexandrovka hasta el Ishora, lo que le permitió adoptar una estructura defensiva clásica: cada regimiento desplegaba en línea dos batallones y mantenía un tercero en reserva. La actividad quedó reducida a patrullas, golpes de mano y duelos artilleros, acciones todas ellas carentes de espectacularidad pero igualmente mortales. Finalmente, tras dos años de despliegue en Rusia, siempre en primera línea, la División Azul recibió orden de regreso a España, el 10 de octubre de 1943.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

   LA DIVISION ESPAÑOLA DE HITLER, Gerald R. Kleinfeld y Lewis A. Tambs, Editorial SAN MARTIN, Madrid 1983.

 

   LA DIVISIÓN AZUL Atlas Ilustrado, Carlos Caballero Jurado, Susaeta Ediciones, S.A.

 

   MUÑOZ GRANDES Biografía, Luis E. Togores Sánchez, la esfera de los Libros S.L., 2007.    HISTORIA MILITAR Revista española de, Nos. 31 al 38.

   Interned.    Otros.

Fe de erratas

 

La designación de alguna de las unidades, especialmente las soviéticas, varía según la fuente.

Contrastadas las limitadas fuentes de que he dispuesto, he designado la que he creído más correcta.


 

¡La gloria maldita de nuestros héroes!

 

Si, fue una gloria maldita la de esos valientes que integraron la División Azul. Valientes que, tras darlo todo: su juventud, su sangre y lo más preciado que tenían, su propia vida, en aras de lo que interpretaron era el cumplimiento del deber y de sus ideales (que no soy quien para juzgarlos), vieron que, al volver a España, tras un rácano homenaje, quedaban relegados y silenciados por intereses políticos sobrevenidos.

 

El gobierno de Franco, que ya veía que Alemania no iba a ganar la guerra, se dio cuenta de que si quería sobrevivir se imponía una retirada estratégica en todos los frentes y un repliegue a la voluntad de los que iban a ser los nuevos amos del mundo, los aliados. Consecuentemente, cuando los valientes de la División Azul regresaron a España, cayó sobre ellos un tupido velo de silencio y postergación que, el tiempo, eficaz aliado del olvido, se encargo de ir sepultando física e históricamente.

 

Con la llegada de la democracia, esta losa de silencio se acentuó aún más. Tan sólo, y como singular excepción, hay que destacar el mínimo reconocimiento público que permitió el que fuera ministro de defensa, José Bono, en el año 2004. Afrontando furibundas y airadas protestas de todos los grupos políticos de izquierdas, permitió que en el desfile del día de las Fuerzas Armadas de ese año participase un anciano superviviente de la División Azul, eso sí, diluido entre otros veteranos del bando aliado y de nuestra guerra civil.

 

Aunque, la puntilla a este olvido y denostación la vino a poner la infame Ley de la Memoria Histórica que, con un trasnochado espíritu revanchista metió todos los hechos gloriosos (sólo los del mismo color) de nuestra historia militar del siglo XX, realizados por héroes sencillos, con nombres y apellidos y desaparecidos casi todos ya por la ley natural del tiempo, en el mismo saco. Les anuló cualquier tipo de reconocimiento que hubiesen podido obtener y definitivamente, les borró del mapa de la historia. Nombres de héroes de la División Azul como: Palacios, Huidobro, Patiño, Palomo, Salamanca, Ponte Anido…, laureados y medalla al valor individual todos ellos y, de tantos otros, fueron borrados de monumentos, calles, plazas e incluso cuarteles.

 

Que España nunca ha sido un país agradecido con sus héroes ni con sus hijos más esforzados, creo que no es necesario demostrarlo. No hace falta bucear mucho en nuestra historia para encontrar numerosos ejemplos de ello en tantas otras contiendas: Guerra de la Conchinchina, Filipinas y Cuba en el 98, Guerra de Marruecos, (por no herir susceptibilidades se omite cualquier referencia a nuestra contienda civil), la División Azul y, más recientemente, en los conflictos de la antigua Yugoslavia, Irak, Afganistán, Somalia y en otros muchos lugares repartidos por todo el globo terráqueo donde, también hoy, nuestros soldados y marineros cumplen las órdenes recibidas con igual ánimo y valor que sus antepasados. Todos los gobiernos de nuestra nación, incluyendo los de la etapa democrática, siempre han sido cicateros a la hora de reconocer merecidos honores a nuestros soldados y, algo que es muy importante, dar la debida divulgación a los hechos distinguidos que realizan para que, el pueblo, pueda sentirse orgulloso de sus Fuerzas Armadas –que es de donde se nutren–, de su país y de mismo como pueblo. Hasta ahora, desgraciadamente, los únicos reconocimientos que se otorgan se reducen a un breve, frío y semiprivado acto de imposición de

condecoraciones a título póstumo, cuando retorna al suelo patrio el cuerpo sin vida de alguno de nuestros soldados caído, cumpliendo su deber, en cualquiera de las misiones que el mismo gobierno le había encomendado. Nadie explica por qué ha ido allí, que le ha sucedido, ni que pasa con los heridos que retornan a casa. Lo único que queda es el silencio y la gloria maldita en la memoria de sus familias y de sus camaradas...

Frente de leningrado, cementerio de la División Azul, entierro de dos soldados españoles.

 

¡LOOR Y GLORIA A NUESTROS HÉROES!

 

 

Antonio Nieto Soto.

AN. (Rv.) Armada.

 

180916 JA Portillo

Clavería (Cagayán), 29-08-2018

A quien leyere: “Cap. Gral. Narciso Clavería y Zaldúa”.

Figura 1

Figuras 2

 

Figuras 3

Figuras 4

Figuras 5

Figuras 6

En la mañana del Lunes 06 de Agosto marchábamos por vía terrestre desde Ciudad Quezón (Metromanila) 4 filipinos y yo mismo hacia el Norte de la isla de Luzón. En nuestro camino habríamos de atravesar las 7 provincias (Bulacán, Pampanga, Tarlac, Pangasinán, La Unión, Ilocos Sur, e Ilocos Norte), el Río Grande de Pampanga, costear la Isla de Sur a Norte y de Oeste a Este, doblando el Cabo de Bojeador, para finalmente llegar a nuestro destino el pueblo de Clavería (Cagayán); en total (600 km, en 12 h).

Ante nosotros se presentaron localidades tan singulares como: Norzagaray (Cap. Gral. y Gobernador de Filipinas) y San Rafael (bautismo de fuego del Gral. Millán-Astray) (Bulacán); México y Ángeles (Pampanga); Gerona y Moncada (Gral. Moncada) (Tarlac); Urdaneta (Agustino que realizó el 1er tornaviaje por el Océano Pacífico como ruta del Galeón de Manila) y San Quintín (victoria contra Francia en 1557) (Pangasinán); San Fernando y San Juan (La Unión); Santiago (Patrón de España) y Vigan (patrimonio de la humanidad de la UNESCO por su conservación del barrio español) (Ilocos Sur); Badoc (tierra natal del pintor hispano-filipino Juan Luna, primo de Teodorico Luna, insurrecto sitiador de la iglesia de Baler en 1898) y Laoag (Ilocos Norte); y Santa Práxedes y Clavería (Cap. Gral. y Gobernador de Filipinas) (Cagayán).

Sírvase como reflexión, que hallando cualquier municipio por la Isla de Luzón, es notorio e incuestionable que nuestros hermanos filipinos mantienen los nombres españoles por doquier como suyos propios, en unas ocasiones hasta construyéndoles monumentos, y en otras celebrando anualmente efemérides en su honor.

El 08 de Agosto tuvo lugar en el Ayuntamiento de Clavería un merecido homenaje a quien otrora fuese Gobernador, Capitán General y Presidente de la Audiencia de las Islas Filipinas (1844-1849), y que desde 1865 da nombre a su pueblo. Ante 100 personas un servidor tuvo ocasión de dar una pequeña charla en inglés sobre el Mismo, recordando su labor en el Archipiélago, sus campañas militares, logros y triunfos, condecoraciones y títulos obtenidos.

Como colofón del homenaje un grupo folclórico bailó la “Jota Claveriense”, siendo posteriormente inaugurada una modesta exposición y descubierta una réplica del Cap. Gral. Narciso Clavería y Zaldúa, cuyo original se encuentra en la Academia de Artillería del ET (SG). Ni que decir tiene, que el asombro de los asistentes en el Consistorio fue mayúsculo, quedando totalmente impresionados por un instante, y empezando a continuación una

prolongada ovación que ni los más viejos del lugar podían ni siquiera recordar.

Biografía de Narciso Clavería y Zaldúa: Bajo el Gobierno de Cap. Gral. Clavería se realizaron importantes progresos administrativos y educativos en Filipinas: se creó un nuevo Cuerpo de Seguridad, se importaron los primeros barcos a vapor, se crearon escuelas, se ordenó el Registro Civil y se declaró obligatoria la vacunación infantil.


De todas las actuaciones emprendidas por Clavería en contra de la piratería musulmana destaca la expedición militar de 1848 a la Isla de Balanguingui (Archipiélago de Joló, Mar de Sulú, al SO de la isla de Mindanao), y por cuya campaña fue premiado por el Cabildo de Manila con una espada y un bastón de mando, y las Cortes Españolas le concedieron la Gran Cruz y Banda de la Real Orden de San Fernando. Además, Clavería llevó a cabo otras campañas en Cagayán y en los Montes del Caraballo contra los mayoyaos de Nueva Vizcaya (Isla de Luzón).

Otro triunfo administrativo de Narciso Clavería fue la unificación de la cuenta del tiempo en Filipinas con los demás enclaves europeos (Decreto 16-08-1844). Años más tarde, cuando en 1884 se celebró en Washington D.C. (EE.UU.) una conferencia internacional para establecer el 1er Meridiano en Greenwich (Gran Bretaña) y así fijar los husos horarios en todo el mundo, gracias a Clavería las Islas Filipinas se habían adelantado a esta medida en 39 años.

Pero por lo que sería recordado Narciso Clavería y Zaldúa en las Filipinas sería por la regularización de los apellidos y nombres patronímicos que en general carecían los indígenas (Decreto 23-11-1849). Bien sea pues por el mestizaje entre los peninsulares que marcharon a las Filipinas durante el periodo de presencia hispánica y los nativos, o bien por tal Decreto, el hecho es que los filipinos actualmente ostentan apellidos de origen español.

Por el incesante trabajo que se impuso Clavería, su celo por el bienestar y la prosperidad del país, y la influencia del clima, minaron la salud del eximio Gobernador, por lo que una comisión médica dictaminó que de abandonar pronto Las Filipinas su vida peligraría.

En Diciembre de 1849 Clavería regresó a España, donde se presentó ante la Reina Isabel II, quien le concedió el título de Vizconde de Clavería y posteriormente el de Conde de Manila. En 1865 el pueblo de Cabicungan, en la Provincia de Cagayán, cambió su nombre por el de Clavería, en honor al que fuese Gobernador y Capitán General de las Islas Filipinas.

Epílogo: Cuando en 2015 tuve ocasión de visitar el municipio de Clavería, me sorprendió sobremanera que ninguno de sus habitantes hubiese visto nunca una imagen del Cap. Gral. Narciso Clavería y Zaldúa, ni hubiese oído hablar de lo narrado en mi charla-alocución.

Una vez que los claverienses han recuperado su pasado hispano, sabedores de quien fue el ilustre personaje que cambio el nombre de su municipio para la posteridad, los jóvenes visitarán el Ayuntamiento, será construido un museo en su honor, y se establecerán hermanamientos con municipios peninsulares, gracias a las Instituciones Civiles y Militares de España; toda vez que el 29 de Agosto, en un acto solemne del Pleno del Ayuntamiento, y con audiencia pública, fui honrado con el nombramiento de Hijo Adoptivo del pueblo de Clavería:

¡Demasiado honor para quien jamás buscare fama, fortuna o poder, sino únicamente recuperar el pasado hispánico en Ultramar, y la satisfacción de ver cumplido el deber!.

Regreso a España.                                                       José Antonio Portillo Corpas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

180915 I GM

 

GEOPOLÍTICO. 15.09.2018

La Primera Guerra Mundial: Todo lo que necesitas saber

Posted on: Saturday 08 September 2018 — 21:55

El ser humano es la criatura más inteligente del planeta tierra, y por eso su nombre científico es Homo Sapiens, pero, a pesar de esto, en la historia de la humanidad han existido desacuerdos y peleas que han llevado estas diferencias al siguiente nivel, llegando así al punto de matar con el propósito de cumplir su cometido. Una de las guerras más significativas de la historia fue La Primera Guerra Mundial que para su momento fue la más grande conocida y existente, que no solo dejo una historia … Sigue leyendo

 

A espaldas de Franco, durante meses y con el máximo secreto, un grupo de cuatro militares destinados en el primitivo servicio de Inteligencia del Estado desarrolló una misión sensible: diseñar cómo tendría que llevarse a cabo el entierro del jefe del Estado cuando ocurriera el fallecimiento, dado que el dictador ya había cumplido entonces los 81 y se tenía la certeza de que encaraba los últimos años de vida. Fue la Operación Lucero, el plan confidencial encargado por Carlos Arias Navarro semanas después de alcanzar la Presidencia del Gobierno tras el asesinato de Carrero Blanco y que ya detallaba el lugar de la inhumación del dictador.

Nada de improvisación. Desde antes del verano de 1974, casi año y medio antes de que se produjera el fallecimiento por un “shock tóxico por peritonitis” en la Ciudad Sanitaria de La Paz, ya estaba escrito cuál sería el destino del cuerpo sin vida de Franco: un sepulcro en el Valle de los Caídos, el monumento que el propio dictador ordenó levantar el 1 de abril de 1940 a fin de “perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada”, como el régimen justificó en el decreto publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) al día siguiente. Pero ni de forma verbal ni en su testamento dejó instrucciones precisas acerca de dónde deseaba ser enterrado, en contra de los que creen que ése fue uno de los motivos de la erección del colosal monumento en Cuelgamuros.

“No hay un solo documento oficial de que Franco pensase en algún momento de su vida, ni por escrito ni de palabra, ni a la familia ni a los próximos, que quería enterrarse en el Valle de los Caídos. Lo demás son chorradas o imaginaciones. La gente que trabajaba allí y le recibía cuando iba a ver cómo marchaban las obras no recuerdan que él dijera que algún día acabaría allí. Jamás. No hay ni una sola mención”, afirma a El Independiente Juan María de Peñaranda, antiguo general del Ejército de Tierra y autor de Operación Lucero. El plan secreto para mantener todo atado tras la muerte de Franco (2017). Se trata de uno de los tres libros que parcialmente dieron forma con posterioridad a su tesis doctoral -titulada Los servicios de Inteligencia y la Transición política española (1968-1979) y compuesta por 3.050 páginas- junto a Los servicios secretos de Carrero Blanco (2015) y Desde el corazón del CESID (2012), todos publicados por la editorial Espasa.

Peñaranda realiza dicha afirmación no sólo tras haber mantenido unas 300 conversaciones y haber buceado durante una década en numerosos archivos del país en busca de documentos oficiales que sustentaran su trabajo universitario, leído en julio de 2010 en la Universidad Complutense y calificado con sobresaliente cum laude. También tras haber vivido en primera fila aquellos años del tardofranquismo y liderar el equipo de trabajo que diseñó la Operación Lucero, bautizada así por el entonces Servicio de Inteligencia en alusión a las ‘estrellas’ de cuatro puntas de los generales.

No hay documento escrito ni testimonio oral que avale la tesis de que fue Franco quien ordenó que se le enterrara en el Valle de los Caídos

En febrero de 1974, Juan María de Peñaranda era un comandante de 40 años al frente de la jefatura de Sección de Estudios e Informes del Servicio Central de Documentación (SECED) de la Presidencia, organismo creado en 1972 para dar cobertura administrativa a la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN) y antecesor del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) y del actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI). El 2 de febrero de aquel año, el oficial recibió un encargo del director del SECED: la constitución de un equipo para diseñar un plan con las medidas a poner en marcha en caso de la muerte de Franco. La idea es que todo estuviera pensado para, llegado el momento, evitar improvisaciones como había ocurrido tras al magnicidio de Carrero Blanco.

De ese grupo de los servicios secretos coordinado por este militar palentino e integrado por los capitanes Emilio Atienza Vega, José González Soler y Juan Hernández Rovira salió la idea -en la primavera de 1974- del Valle de los Caídos como emplazamiento para la inhumación de Franco, propuesta que fue aceptada por el presidente del Gobierno y plasmada en un primer borrador fechado el 18 de mayo de dicho año. Al frente de la Gobernación hasta entonces, Arias Navarro fue el ministro elegido por Franco el 29 de diciembre de 1973 para relevar al almirante Luis Carrero Blanco, asesinado nueve días antes por ETA al hacer volar la banda terrorista el coche en el que viajaba cuando éste circulaba por la madrileña calle de Claudio Coello.

 

180916 JUan Carlos I

 

Audiencia ofrecida por Juan Carlos I el 8 de febrero de 1976 en La Zarzuela al grupo de trabajo que diseñó la ‘Operación Lucero’. De izquierda a derecha, los entonces comandantes José González y Juan María de Peñaranda, el hoy rey emérito, y los capitanes Emilio Atienza y Juan Hernández. 'OPERACIÓN LUCERO' (ESPASA)

“Cuando Franco decide que el jefe de Gobierno sea Arias Navarro, éste cree que, en su mandato como presidente, se va a morir Franco y le iba a tocar esa responsabilidad. Él venía de ministro de la Gobernación y recordaba que allí no había un solo papel de qué había que hacer en caso de fallecimiento del jefe del Estado. Consultó al Estado Mayor y allí no había nada, ni tampoco en los papeles que deja Carrero Blanco. Él se queda con esa profunda preocupación y, en uno de los primeros despachos que mantiene con la persona que puso al frente del SECED, el comandante Valverde, le cuenta el problema que tiene: ‘Se nos va a morir Franco en estos cinco años y aquí no hay nada preparado. El SECED se tiene que encargar a fondo de este tema desde el principio hasta el final. Encarga a una persona que lo lleve con máximo secreto y que no hablen con nadie”, rememora Peñaranda a sus 84 años en su domicilio madrileño. La conversación con este diario tiene lugar el día antes de que el Congreso de los Diputados convalide el decreto-ley con el que el Gobierno de Pedro Sánchez pretende exhumar y trasladar los restos del dictadorcasi 42 años después.

La elección de Cuelgamuros como emplazamiento para el sepulcro del dictador se decidió en la primavera de 1974, año y medio antes del óbito

Y se pusieron manos a la obra, sin tener claro en un primer momento cuál era el deseo del dictador y si éste lo había dejado expresamente por escrito o le había indicado a la familia dónde debía ser enterrado. “En la primera reunión cogimos un tocho de folios e íbamos escribiendo: ¿Cuándo se muere Franco? Deja eso en blanco. ¿Dónde se muere Franco? En el Azor, en el Pazo de Meirás, en San Sebastián, en algún viaje a Portugal, en Canarias… Así media docena de papeles. Uno de ellos era dónde se entierra Franco. Pensamos que a lo mejor quería que lo enterrasen en el Tercio de la Legión, quizá en el Pazo de Meirás o en El Pardo. Pusimos tres o cuatro sitios y naturalmente todavía no salió el Valle de los Caídos”, añade.

Sí fueron viendo cada vez de forma más clara que tendría que ser en Madrid y preferentemente lejos de la capital, dado que coincidiría en el tiempo con la coronación de Juan Carlos I y si el lugar elegido para enterrarlo era próximo -como el cementerio de El Pardo- se facilitaría que a partir de ese día hubiera concentraciones de partidarios. En cambio, a 54 kilómetros… Y fue así como se pensó la posibilidad de que sus restos acabaran en el Valle de los Caídos, junto a la Sierra de Guadarrama.

180916 Penaranda

 

Juan María de Peñaranda, el pasado miércoles en su domicilio madrileño al término de la entrevista con ‘El Independiente’. G. M. PIANTADOSI

 

Ello motivó que, en la primavera del 74, dos de los subordinados de Juan María de Peñaranda se desplazaran a Cuelgamuros para sondear esta posibilidad con el abad, Luis María de Lojendio e Irure. Vía libre. Tras echarse la mano a la cabeza al interpretar equivocadamente que la presencia de esos militares de paisano se debía a que el óbito era inminente, el responsable de la basílica trasladó a los servicios secretos que no veía inconveniente para que Franco fuera enterrado en el Valle de los Caídos y así se puso en el correspondiente informe que el grupo de trabajo redactó tras la visita. Bajo el máximo secreto, la opción finalmente elegida iba ganando forma mucho antes de que expirara el jefe del Estado.

Solemnidad y espiritualidad

“Era un sitio solemne, una abadía protegida por la espiritualidad y custodiada por una orden religiosa de primera fila”, justifica Peñaranda, que alude a una conversación entre Arias Navarro y Carmen Polo de Franco en la que ésta debió aludir la posibilidad de El Pardo como emplazamiento. La respuesta del sucesor de Carrero Blanco fue elocuente: “El que se muere no es Francisco Franco Bahamonde sino el jefe del Estado. Y por tanto el que decide las honras y el sitio es el Estado, no la familia”.

El plan que con tanto sigilo se iba preparando desde febrero de 1974 hubo de acelerarse en julio de ese año, a raíz de que Franco tuviera que ser internado en la ciudad sanitaria madrileña a la que él daba nombre a consecuencia de una flebitis. El ingreso se produjo el día 9 y no pudo regresar a El Pardo hasta el 30 de dicho mes. Arias Navarro entendió que aquello era un serio aviso y que todo tenía que estar detallado por si se producía el desenlace en cualquier momento, ya fuera en la capital o lejos de Madrid. Las principales autoridades del Estado tenían que saber qué pasos precisos dar en esa situación, cada vez más cercana.

180916 Informe 1

 

Portada del ‘Plan de urgencia’ elevado por el SECED a la Presidencia en julio de 1974 -con Franco en el hospital- y del documento afinado un año después (‘Plan general’), al que hubo de introducirse luego modificaciones ante el temor de que ETA pudiera cometer un magnicidio. 'OPERACIÓN LUCERO' (ESPASA)

Ello explica que el SECED elevara a la Presidencia del Gobierno aquel mismo verano un documento mecanografiado de 19 páginas en el que, con el nombre de ‘Operación Lucero’ en mayúsculas y la palabra ‘Secreto’ estampada en sello con tinta de color rojo, se detallaba un ‘plan de urgencia’. El trabajo está fechado el 27 de julio de 1974, cuando Franco se encontraba aún en el centro sanitario. “Siendo tan imprevisible como inevitable el momento en el que se cumplan las previsiones sucesorias es preciso contar con los planes necesarios en los que se recojan cuantas medidas de carácter general deban de tomarse y cuantas instrucciones convenga dar a las autoridades que tengan que cumplimentarlas”, se justifica en el epígrafe de ‘Antecedentes’.

Dicho plan incluía instrucciones precisas para el ministro de Jornada -miembro del gabinete que en verano acompañaba a Franco y atendía sus necesidades- en caso de que el dictador cayera gravemente enfermo. “Lo primero que tenía que hacer era informar a la Casa de Franco, al jefe del Gobierno y al Rey”, detalla Peñaranda. Éste recuerda que a ese ministro se le proporcionaba un “teléfono con pilas” para que, si ocurría lo descrito, pudiera llamar de inmediato a las autoridades y organizar el traslado a Madrid si la muerte ocurría fuera de la capital.

El plan con los detalles del futuro entierro de Franco se aceleró en el verano de 1974 después de que el jefe del Estado estuviera 22 días ingresado por una flebitis

“A medida que iba pasando el tiempo se va ampliando el número de autoridades que van recibiendo los papeles de ese plan súpersecreto del que no se podía hablar ni siquiera dentro del SECED. Al principio era el jefe del Alto Estado Mayor, el presidente del Gobierno, el Príncipe y punto. Pero a medida que hay que ir organizando los desfiles, los honores militares…. la información trasciende a otros ministros”, precisa.

Al plan cada vez más afinado en el que equipo dirigido por el comandante Juan María de Peñaranda trabajaba desde hacía 20 meses hubo de incorporársele un anexo en octubre de 1975, semanas antes de que acaeciera la muerte. El motivo fue que la Jefatura Superior de Policía de Madrid había descubierto la existencia de un comando de ETA en el Hotel Plaza -ubicado en la Plaza de España de Madrid- y que en el registro de la habitación de Isidro Garalde Mamarru se había localizado un fusil con mira telescópica. Ello llevó a pensar a los investigadores que el terrorista estaba “dispuesto a pegarle un tiro al Príncipe el día que se entierre Franco”, recuerda Peñaranda.

Bajo el nombre de ‘Variante en caso de lluvia’, nombre camuflado que se utilizó en el plan para no desvelar el motivo real de los cambios introducidos a última hora, se decidió colocar mástiles con banderolas de gran tamaño en las calles Bailén y Ferraz -recorrido que cubriría el cortejo fúnebre desde el Palacio de Oriente en su salida de la ciudad hacia el Valle de Cuelgamuros- para que un eventual francotirador no tuviera opciones de hacer blanco. “También se tomó como decisión que el Rey no fuera a pie sino en coche cubierto y además en circulación rápida por un determinado recorrido, una variación sobre el plan inicial”, apunta.

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Acta notarial del fallecimiento de Franco, acaecido el 20 de noviembre de 1975. 'OPERACIÓN LUCERO' (ESPASA)

 

A las 14.20 horas del 23 de noviembre de 1975, tres días después de fallecer, una losa de granito de tonelada y medio de peso cerró el sepulcro que de forma urgente se había habilitado entre el altar mayor y el coro de la basílica del Valle de los Caídos con el féretro que albergaba el cuerpo embalsamado de Francisco Franco. Entre los miles de asistentes al entierro se encontraban Juan María de Peñaranda y los tres capitanes que le ayudaron durante meses a diseñar la Operación Lucero, el plan que decidió que el cuerpo sin vida del dictador descansaría en Cuelgamuros. La incógnita que se plantea ahora es si el Ejecutivo de Pedro Sánchez podrá consumar la exhumación y traslado de los restos, como ha decidido la mayoría parlamentaria, o si Franco seguirá enterrado donde los servicios secretos plantearon año y medio antes de morir.

 

16.09.2018. El Independiente

 

180907 Portada R Ejercito

 

También podrá leer:

  • “La caballería hispano-marroquí derriba las murallas de Hámara” del Sr. Pando Despierto.
  • “Los valores y amor inteligente” del Sr. Milans del Bosch y de Oliva.
  • “La guerra de tres bloques” del Sr. de Carlos Izquierdo.
  • “DÁESH (I)” del Sr. Igualada Tolosa.
  • “Organización y empleo de la división actual” del Cte. Pereira Carmona.
  • Valiant Linx 18: la Brigada Guadarrama XII a examen” de la Brigada Guadarrama XII.
  • “El ejército y la gestión del conocimiento” del Tte. Ojeda Soler.

§  “La guerra de 1808. Nueva denominación” del Sr. Durántez Prados.

 

Revista Ejército nº 929 de septiembre de 2018

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